I love you with all my brain

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¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

Enamorarse implica un cóctel sustancias en nuestro cerebro que genera un efecto similar al de una droga adictiva.

Enamorarse es una reacción ante el estrés. El botón del pánico, la amígdala, se activa tal y nos haría actuar como en una situación de peligro. Ser alertados de ese modo desencadena el entusiasmo que sentimos cuando nos enamoramos. Al mismo modo, ese estado nos ciega bloqueando nuestro sistema perceptivo y haciendo que no presentemos tanta atención en cómo es nuestra pareja. Esto defendería aquella expresión de "el amor es ciego".

A la vez, los centros de recompensa intervienen. Las endorfinas, opiáceos producidos por el hipotálamo nos ponen eufóricos, al mismo tiempo que la serotonina nos pone de buen humor y la dopamina nos provoca la sensación de placer.

Este cóctel de felicidad actúa como una droga en el núcleo accumbens, interruptor del cerebro que anticipa las recompensas.

Experimentamos la ausencia de la otra persona igual que un síndrome de abstinencia ya que para nuestro cerebro el amor es una adicción.

Mientras nuestro cortex cerebral, y por ende nuestra conciencia, nada en un mar de felicidad, el hipotálamo inicia la producción de cortisol una hormona del estrés que reduce nuestra percepción visual cuando estamos en peligro. Por eso, pasamos por alto muchas situaciones realizadas por la otra persona que en otra circunstancia nos parecerían molestas. Por eso, al principio de una relación, es muy fácil que se aprovechen de nosotros, desde el punto de vista neurobiológico, somos adictos, ciegos y estamos estresados.

Además los niveles de testosterona se equilibran, habiendo una reducción en el cerebro masculino y un aumento en el de la mujer. Esta es la fase en la que hay más aumento del deseo sexual. Y el sexo, a su vez, genera un aumento de endorfinas, opioides de secreción interna que suscitan en el cerebro sensaciones como éxtasis, anestesia y bienestar.

Después de entre 6 y 9 meses, el éxtasis al fin comienza a decaer, aunque si todo va bien para entonces ya nos hace efecto la oxitocina, una hormona que te une a tu pareja. Las mujeres también la producen en la lactancia. Esta hormona no provoca estrés, sino un nexo, haciendo que nos comprometamos a largo plazo, ya que nuestra mente inconsciente quiere que cuidemos bien de nuestra progenie.

 
 

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